domingo, 17 de abril de 2016

CAPITULACIONES EN SANTA FE

EL GRAN MAESTRE JOSÉ MARÍA GÓMEZ ASISTE EN SANTA FE DE GRANADA INVITADO A LA FIESTA DE LAS CAPITULACIONES Y 525 ANIVERSARIO DE LA FUNDACIÓN DE LA CIUDAD



 Ha asistido los pasados días 16 y 17 de abril invitado a la conmemoración de las Capitulaciones de los Reyes Católicos con Colón en la ciudad de Santa Fe de Granada. 524 años se cumplen de tan trascendental evento y 525 de la Fundación de Santa Fe, cuya celebración se inicia en estas fechas, se prolongará en los meses siguientes y culminará el día 2 de octubre, fecha histórica de la inauguración de la ciudad en 1491.




Va para tres años que, a iniciativa de José María Gómez y en estrecha colaboración el Ayuntamiento de Santa Fe y el Capítulo de Isabel la Católica, se inauguró el busto de la Reina Isabel que preside la entrada del antiguo Real de los Reyes Católicos y hoy gran centro histórico-cultural de Santa Fe. Desde entonces la Reina Católica es el personaje central de la conmemoración, tanto de las Capitulaciones como de la Fundación de la ciudad. Las gentes de la ciudad se visten con lujosos arreos de la época y ejecutan elegantes danzas. Un grupo de soldados evocan con sus vestimentas y armas a los viejos tercios españoles del Gran Capitán. Todo ello para dar colorido y ambiente a la escenificación de las Capitulaciones, que llevan adelante actores en los papeles de los Reyes Católicos, Cristóbal Colón, el cardenal Mendoza y el secretario Juan de Coloma…


Las autoridades de Santa Fe proponen cada año a José María Gómez la asistencia a la conmemoración, pidiéndole que tenga las palabras de elogio ante el busto de la Reina. Desde la inauguración del monumento no ha podido asistir nuestro Gran Maestre, pero este año por fin sí ha sido posible. La expectación era enorme, pues la asistencia de personalidades fue muy nutrida: alcaldes y concejales de los pueblos hermanos de Santa Fe, Palos de la Frontera y Bayona la Real, de Valencia de las Torres (Badajoz), de Briviesca (Burgos), de pueblos de la Vega de Granada… el Consejero de Salud de Andalucía, el Presidente de la Diputación de Granada, diputados y diputadas nacionales y autonómicas…
Llegado el momento, ante el busto de la Reina, tomó la palabra José María Gómez. He aquí íntegro el texto recitado por nuestro Gran Maestre (porque, como es sabido, José María no lee, recita con incomparable entonación y emoción):




En la espaciosa vega de Granada,
promesa de futuro y esperanza,
con un buey, un arado y una lanza
una Cruz gigantesca fue trazada.

En sus brazos, pujante y encalada,
una altiva ciudad creció, a la usanza
de aquella santa guerra y su mudanza,
con muro militar fortificada.

En ella fincó firme, fuerte y fiel
la reina de la Fe, doña Isabel.
Aquí aceptó Boabdil las rendiciones.

Y aquí, cuando Granada fue vencida,
ensueño de grandeza presentida,
Colón firmó las Capitulaciones.

Excelentísimas e ilustrísimas autoridades…
Distinguida concurrencia…

Doña Isabel de Castilla…
Madre de España y América…
Ante vuestro egregio busto
que con honor representa
que junto al rey don Fernando
mandasteis que se erigiera
esta ciudad, SANTA FE,
e hicisteis voto y promesa
de fincar vuestro Real
y nos partiros de ella
hasta que, por vuestro asedio,
Granada al fin se rindiera…
Ante vuestro egregio busto,
Católica y ejemplar Reina,
quiero evocar que este año
es la señalada fecha
(año dos mil dieciséis)
en que se cumple y celebran
quinientos años exactos
desde aquel en que muriera
vuestro esposo don Fernando.
Permitidme, invicta Reina,
evocar por un momento
de Fernando la grandeza
que en nuestra historia de España
junto a vos queda señera…


“el rey de la unificación, del engrandecimiento y del expansionismo de España, que inicia los Siglos de Oro”. Hijo del futuro rey de Aragón Juan II y de Blanca de Navarra, Fernando nació en Sos de Aragón en 1452. Siendo en principio un segundón (el heredero de Aragón iba a ser su hermano mayor Carlos de Viana), a la muerte de éste en 1461 fue jurado heredero del trono de Aragón. Para aumentarle nobleza y con la perspectiva de vuestro matrimonio, su padre le nombró Rey de Sicilia en 1468 y, al año siguiente casó con vos, la heredera de Castilla, Isabel la Católica. Al morir Enrique IV de Castilla en 1474, y proclamaros Isabel reina, Fernando también será rey de Castilla en virtud de la Concordia de Segovia del Tanto Monta en 1475. Así, antes de ser rey de Aragón, fue Fernando V de Castilla. Por fin, en 1479, tras la muerte de su padre, fue Fernando II de Aragón.
Ganó la guerra civil y de sucesión de Castilla frente al rey de Portugal y los partidarios de la Beltraneja, y siempre en perfecto entendimiento con vos, llevó a delante la conquista de Granada, la adhesión de las Islas Canarias y el Descubrimiento de América, todo ello con vuestra necesaria colaboración, su fidelísima esposa Isabel la Católica. Y en los primeros años del siglo XVI inició las campañas de Italia con la conquista del Reino de Nápoles, gracias a los fabulosos éxitos militares de su pariente y vuestro, El Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba.
Tras vuestra muerte, que él lloró como quien perdía su más íntimo y preciado tesoro, supo llevar con habilidad la regencia de Castilla (como vos lo habíais dispuesto en testamento) frente a la ambición de vuestro yerno Felipe el Hermoso y la incapacidad para reinar de vuestra hija Juana la Loca. En este tiempo sumó el título de Fernando III de Nápoles a los títulos de Fernando V de Castilla y Fernando II de Aragón, que ya ostentaba. En los últimos años de su reinado aún añadiría otro título en su Corona, el de rey de Navarra.
Por todo ello, bien merece junto a vos el título de “rey de la unificación,  del expansionismo y el engrandecimiento de España, que inicia los Siglos de Oro de la gran cultura española”.


Pero las cosas humanas,
aún las más nobles y bellas,
empiezan, brillan y acaban.
La edad las torna decrépitas.
Y vuestro esposo Fernando,
el más grande rey que hubiera,
en su vejez enfermó
de una incurable dolencia.
Año mil quinientos quince,
el invierno estaba cerca,
cuando el gran rey don Fernando
su último viaje emprendiera,
él que fue un gran rey viajero,
por las tierras extremeñas
camino de Guadalupe,
donde la Virgen Morena
en su grave enfermedad
le ayudara y protegiera.
Quería llegar a Granada
y en el Alhambra quisiera
visitar vuestro sepulcro
y que Dios le concediera
morir allí, a vuestro lado,
y que allí le diesen tierra
a su cuerpo junto al vuestro…
y que juntos recibierais
el Juicio Final que Dios
en su bondad decidiera…
De Madrid, por Casarrubios
va la comitiva regia.
El día once de noviembre,
pernoctaba en Cazalegas.
Aquí su hija doña Juana
y doña Germana esperan.
El rey ya va muy enfermo.
Incurable es su dolencia.

Desde aquí siguió el viaje
por Talavera, Oropesa…
Celebró la Navidad
en la ciudad de Plasencia
Y en Trujillo el día de Reyes
con encierros le festejan
de toros. Desde Trujillo 
partió el rey con mucha urgencia.
Quería orar en Guadalupe
ante su Virgen Morena,
pues presentía la muerte
de día en día más cerca.
Mas no llegó a Guadalupe
la gran comitiva regia
ni el rey que la presidía.
En una cercana aldea,
llamada Madrigalejo,
se agravaba la dolencia
y moría el Rey Fernando.
Día veintitrés de enero
fue la señalada fecha,
mil quinientos dieciséis
(así Dios lo dispusiera).
Los que le asistieron cuentan
que sus últimas palabras
fueron: “¡Oh Virgen Morena
que desde tu Monasterio
en todo mi reino reinas…
oh esposa mía Isabel,
mujer fiel y santa reina,
que desde el Cielo que gozas
a nuestra España gobiernas…
tomad mi alma pecadora
y conducidla en presencia
de Dios Todopoderoso
para que Él me conceda
por vuestra intercesión santa
la felicidad eterna.”
Así murió el Rey Fernando,
durante el viaje que hiciera,
el último de su vida,
por las tierras extremeñas.
Hoy España, conmovida,
con gran honor lo recuerda
quinientos años después
para memoria perpetua.
Junto a vos, Reina Isabel,
Madre de España y América,
él fue el rey de la unidad
de España y de su grandeza.
Quería llegar a Granada
y en el Alhambra señera
visitar vuestro sepulcro
y que Dios le concediera
morir allí, a vuestro lado,
y que allí le diesen tierra
a su cuerpo junto al vuestro…
y que juntos recibierais
el Juicio Final que Dios
en su bondad decidiera…
No pudo llegar con vida.
Muerto entraba en esta tierra.
Y junto a vos fue enterrado
en el Alhambra señera
hasta que la gran Capilla
real por fin se erigiera,
la misma en la que esperáis
juntos la Victoria Eterna.

         José María Gómez Gómez
Gran Maestre del Capítulo de Isabel la Católica
        




miércoles, 9 de marzo de 2016

EL CAPÍTULO DE NOBLES CABALLEROS y DAMAS DE ISABEL LA CATÓLICA, PREMIO AMIGO DE MADRIGAL 2016


El Capítulo de Nobles Caballeros y Damas de Isabel La Católica ha sido galardonado con el Premio Amigo de Madrigal 2016, por su buena labor en pos de ensalzar la figura de la Madrigaleña ISABEL LA CATÓLICA.
Algo se estará haciendo bien.








http://elrincondemadrigal.blogspot.com.es/2016/03/el-capitulo-de-nobles-caballeros-y.html

martes, 1 de diciembre de 2015

INVESTIDURA EN VALENCIA 28. NOVIEMBRE 2015

BRILLANTE ACTO DE INVESTIDURA EN VALENCIA





La Capilla del Santo Cáliz, en la Catedral Metropolitana, fue el escenario escogido para la celebración del Acto de Investidura del Capítulo en la ciudad de Valencia. No pudo presidir el Cardenal Arzobispo Antonio Cañizares, como estaba programado, por haber tenido que viajar inexcusablemente hasta Burgos. En su nombre lo hizo el Ilmo. Sr. Deán D. Emilio Aliaga. 


Los Caballeros y Damas asistieron en número de unos ciento cincuenta. A ello hay que añadir un buen número también de feligreses y peregrinos que acudían a la Capilla del Santo Cáliz a ganar el Jubileo de la Misericordia que ha concedido el Papa para este año litúrgico que comienza. En su homilía el sr. Deán tuvo palabras entrañablemente elogiosas para el Capítulo y para la figura de Isabel la Católica. 



Intervinieron con sus cánticos en la Misa el Coro de la Parroquia de Santa María de Jesús y la soprano Dama del Capítulo Yasmín Zaragoza Muller.



 Finalizada la Misa, el Gran Maestre Ilmo. Sr. D. José María Gómez Gómez procedió a investir a los nuevos Caballeros y Damas conforme al ritual tradicional del Capítulo. 



Así resultaron investidos los siguientes Ilmos. Sres. y Sras.: Antonio Miralles Laguna, Manuel Devis Bayona, Francisco Carmona Rascón, Francisco Javier González Tausz, Antonio Cordero y Ponce de León, Luz Trujillo Trujillo y Mª Cruz Gómez-Trelles Peláez. Así mismo fue nombrado Comendador por Segovia el Caballero Ilmo. Sr. D. Juan Pablo de Quevedo y Llorente. El Gran Maestre distinguía finalmente como Caballero de Honor al Ilmo. Sr. Deán, D. Emilio Aliaga, y hacía público elogio del Secretario-Canciller Ilmo. Sr. D. Raúl Baz Terrón por su puntual ejercicio como tal durante los últimos años.



Acto seguido, en procesión capitular, los Caballeros y Damas se trasladaron a la inmediata Basílica de la Virgen de los Desamparados para, en presencia del Ilmo. Sr. Rector de la misma, hacer obsequio e imposición de la Medalla de honor del Capítulo ante la imagen de la Patrona de Valencia.


 Momento especialmente emotivo que culminó con el canto de la Salve.





Desde la Basílica el Cortejo Capitular se trasladó hasta la Fuente de la Sabiduría que preside, entre otras, la estatua de Isabel la Católica. Allí se depositó ante ella una Corona de Laurel. Y otro tanto se hizo a continuación en el vecino Patio de la Universidad ante el monumento del ilustre humanista valenciano Luis Vives.



El recorrido terminó en el Salón de Armas del Gobierno Militar donde tuvo lugar el Acto Académico y nombramiento de nuevo miembros de la Academia de la Hispanidad. 


Tras el saludo del Gran Maestre, tomaron la palabra sucesivamente el Director de la Academia, el Excmo. Sr. Duque de Veragua D. Cristóbal Colón de Carvajal y el Comendador por Valencia Ilmo. Sr. D. José Cosín. A continuación resultaron nombrados académicos los Ilmos. Sres. y Sras.: Dª Juana Sánchez-Gey  (Numerario), D. Francisco Javier G. Tausz (Numerario), D. Armando Ruiz, D. Ignacio Montojo, D. José Marcos March , D. Fracisco Carmona, Dª Mª Cruz Gómez-Trelles, Dª Concepción Aguilera y Dª Ania Granjo.

Aprovechando el viaje a Valencia, los Caballeros, Damas, familiares y amigos acompañantes disfrutaron la oportunidad de visitar además de los mencionados espacios de celebración los lugares turísticos del Museo Nacional de Cerámica en el fastuoso Palacio del Marqués de Dos Aguas, el espectacular Parque Oceanografic y la elegante Lonja.

En la tarde-noche de ese día 28, improvisadamente, el Caballero y Académico recién nombrado Ilmo. Sr. D. Francisco Javier G. Tausz, sobresaliente compositor y pianista, deleitó a buen número de Caballeros y Damas con un improvisado concierto de piano en el hall del hotel Meliá Plaza, donde tenía lugar el alojamiento de la expedición. En verdad fue un momento emotivo y muy brillante. El excelente músico interpretó dos piezas de su creación, dedicadas respectivamente a Isabel la Católica y a Cristóbal Colón.  Una gran salva de aplausos coronó su elegante y artístico detalle.



Finalmente, el domingo 29, antes de que los Caballeros y Damas retornaran a sus respectivos hogares, buen número de ellos visitaron la Iglesia Parroquial de Santa María de Jesús. Allí oyeron la misa dominical, tras de la cual el Gran Maestre hizo público elogio y agradecimiento al Coro Parroquial por su desinteresada colaboración en el Acto de Investidura, así como al Rvdo. Cura Párroco D. José Marcos , Caballero y Académico, y a D. José Cosín Sánchez, Comendador del Capítulo en Valencia, por la inestimable colaboración de ambos en la organización de los actos.



lunes, 30 de noviembre de 2015

GRAN CAPÍTÁN V CENTENARIO


EL GRAN CAPITÁN
V CENTENARIO DE SU MUERTE
                  
El 2 de diciembre de 1515 moría en Granada Gonzalo Fernández de Córdoba, inmortalizado en la historia con el sobrenombre del Gran Capitán. España no había tenido, ni tendrá después, un caballero y soldado tan emblemático desde la figura del Cid Campeador. Como éste, el Gran Capitán es el mito de la caballerosidad, de la gallardía, de la valentía y de la astucia, todas las virtudes que adornan a un gran estratega militar. Él lo demostró a la vista de toda Europa en la conquista de Granada, en las victorias sobre los ejércitos franceses (los más poderosos de su tiempo), en la derrota y rechazo del Imperio Otomano que dominaba Oriente y amenazaba las puertas de Viena, Hungría y Venecia, en el ejercicio del gobierno de Nápoles con el título de Vifrrey… Los príncipes italianos le tenían por un impecable condottiero. El Papa propuso nombrarle Gondaloniero de las tropas de la Iglesia. Pero él se mantuvo siempre fiel a los Reyes Católicos, incluso en los momentos en que, muerta Isabel, Fernando tuvo celos de sus éxitos y prevención ante la popularidad de su fama.
Gonzalo Fernández de Córdoba, Enríquez y Aguilar había nacido en Montilla (Córdoba) en 1453. Era, pues, dos años más joven que Isabel la Católica. Fernando, de quien era primo segundo, le sacaba sólo un año. Siendo muy joven, el todopoderoso arzobispo Carrillo le enroló como paje en el séquito del príncipe Alfonso, hermano menor del rey Enrique IV y de Isabel. Cuando el adolescente Alfonso murió prematuramente, Gonzalo pasó a ser paje de Isabel, futura Isabel la Católica, educándose al mismo tiempo como un gran caballero y un gran soldado.


Proclamada Isabel reina, ya casada con Fernando de Aragón, Gonzalo combatió contra los portugueses y los castellanos partidarios de la Beltraneja. Pro fue en las campañas de la conquista de Granada donde se rebeló como un estratega prácticamente invencible. Intervino decisivamente en la toma de varias plazas importantes, sobre todo la ciudad de Loja, campaña capturó al monarca nazarí Boabdil. Con él llevaría a cabo la negociación de las Capitulaciones de Rendición, disponiendo la entrega de Granada a los Reyes Católicos el dos enero de 1492.
Entre 1495 y 1498 llevó adelante con éxito la primera guerra contra el rey de Francis, Carlos VIII, que pretendía anexionarse Nápoles. El Gran Capitán lo impidió.  Y cuando el Papa Alejandro VI le pidió ayuda, acudió con resolución para liberar Roma y el puerto de Ostia del poder de los corsarios que ocupaban la ciudad sometiéndola a impuestos. Por esta valerosa acción el Papa le concedió la Rosa de Oro, la distinción más alta que muy raramente concedía el Papado. En 1498 Gonzalo Fernández de Córdoba regresaba a España con sus tropas y con el título de duque de Santángelo y el sobrenombre de Gran Capitán.


Pero no acaban ahí sus campañas y sus éxitos militares en Nápoles. En 1501 hubo de acudir nuevamente al disputado reino italiano con sus tropas para detener otra vez la ambición del monarca francés, ahora Luis XII. Ahora le tocará combatir contra ejércitos que le doblaban y aun triplicaban en número de soldados. Pero nuestro Gran Capitán, demostrando ser un perfecto estratega, llevaba la guerra a su terreno, practicando lo que se llamó la “guerra guerreada”, especie de guerra de guerrillas a base de hostigamiento al enemigo, repliegues y bruscos ataques inesperados. Así consiguió la impresionante victoria en Ceriñola, batalla que apenas duró una hora, ocasionando más de tres mil bajas en el ejército francés por apenas un centenar de españoles. Finalizada la batalla, recorriendo el campo, entre los cadáveres divisó el del jefe de las tropas francesas, el duque de Nemours. Al Gran Capitán, emocionado, se le saltaron las lágrimas y ordenó que le enterraran con todos los honores. El rey Luis XII de Francia, enterado del suceso, exclamó: “No tengo por afrenta ser vencido por el Gran Capitán de España, porque merece le dé Dios aún lo que no fuese suyo porque nunca se ha visto ni oído capitán a quien la victoria haga más humilde y piadoso”.
No menos brillante fue la victoria definitiva, que se conoce con el nombre de batalla de Garellano. Cuando el Señor D’Aubigny rindió las tropas francesas, el 2 de enero de 1504, expresó: “No sé qué virtud alabar más en vuestra señoría si la de las Armas o la liberalidad, porque con la una ganáis reinos y vencéis a las gentes y con la otra ganáis las voluntades. Un solo consuelo llevamos los malaventurados que a Francia volvemos vivos, haber sido vencidos por un capitán que su gente de guerra tiene por mejor buenaventura morir que desplacelle sin les dar paga ni comer ni vestir”.
Estas contundentes y brillantes victorias dieron al Gran Capitán gran fama y reconocimiento en toda Europa. Los cronistas empezaron a equiparale con Alejandro Magno y Julio César. Fernando el Católico, al concederle el ducado de Sessa y otras mercedes en enero de 1507, evocaba la victoria de Ceriñola equiparándola a la de Aníbal en Cannas, al haber tenido lugar “en el mismo paraje donde persiguió en otro tiempo Aníbal a los Romanos, dándoles una memorable derrota, los despojaste 8ª los franceses) de sus Arietes y Máquinas de Guerra y banderas y los rechazaste con una espera igual a la de Fabio Dictador Romano, y a la de Marcelo, y con una ligereza semejante a la de César”.



Fernando el Católico lo nombró Virrey de Nápoles, cargo que ostentó el Gran Capitán durante cuatro años, hasta que comenzaron los recelos del rey.  Tras la muerte de Isabel la Católica, una parte de la nobleza castellana se puso de parte de Juana, heredera de Castilla, y de su esposo Felipe el Hermoso. Fernando, en cambio, alegando incapacidad de Juana, por demencia, pretendía ser el Regente y mantener los reinos unidos. Entre los nobles que se oponían a Fernando estaban el conde de Cabra y el Marqués de Priego, parientes muy cercanos del Gran Capitán. El rey receló de éste y lo destituyó como Virrey de Nápoles.  Y como se extendió la habladuría de que se había apropiado de fondos de guerra, el Gran capitán redactó una estrambótica e irónica relación de cuentas, conocidas como “Cuentas del Gran Capitán”. Con la sorna y el gracejo andaluz que le caracterizaba, escribió estos disparates: por picos, palas y azadones, cien millones de ducados; por limosnas para que frailes y monjas rezasen por los españoles en sus campañas, ciento cincuenta mil ducados; por guantes perfumados para que los soldados no oliesen el hedor de la batalla, doscientos millones de ducados; por reponer las campanas averiadas a causa del continuo repicar a victoria, ciento setenta mil ducados; y, en fin, por la paciencia de tener que descender a estas pequeñeces del rey a quien “he regalado un reino”, cien millones de ducados… así nació una leyenda. Y así nació una expresión, una frase hecha, que llega hasta nuestro lenguaje actual.
Gonzalo Fernández de Córdoba, el invicto Gran Capitán, ya convertido en un mito para el pueblo y para la nobleza, se retiró a sus estados en Loja (Granada). Y en Granada morirá el día 2 de diciembre de 1515. Había casado en primeras nupcias con su prima Isabel de Montemayor, que moriría muy pronto al dar a luz por primera vez. Pronto volvió a casarse, esta vez con María Manrique de Lara y Espinosa, Dama de Isabel la Católica, del linaje de los duques de Nájera, con la que tuvo dos hijas.
El Gran Capitán fue enterrado en la magnífica iglesia del Monasterio de San Jerónimo de Granada, que había fundado su admirado Fray Hernando de Talavera. Bajo una humilde lápida de mármol, a ras de suelo, se guardan las cenizas de Gonzalo Fernández de Córdoba. En el centro del presbiterio de la iglesia, respaldado por el grandioso retablo que conserva las estatuas orantes del invicto caballero y de su esposa María Manrique.
El Gran Capitán fue un genio militar. Con él comienza el gran Siglo de Oro de España como primera potencia mundial. Su sabia articulación estratégicas de la infantería, la caballería y la artillería, con el bien utilizado apoyo naval, la agilidad en el movimiento de las tropas en “guerra guerreada”, la reorganización de los cuerpos de infantería en coronelías… todo ello vino a ser el embrión de los afamados TERCIOS españoles que triunfaron en Europa y en el Nuevo Mundo.
En la actualidad, el Gran capitán sigue representando lo mejor de nuestra historia y la razón del orgullo de aquella España que fue respetada y admirada por todas las naciones de su época. otra vez la ambicionarca nazar por el Gran Capitexclams. Al Gran capiteplieguesas para detener otra vez la ambicionarca nazar


Ante la tumba del Gran Capitán

Yace bajo esta losa desolada
el que no tuvo par sobre la tierra.
Yace el que en cada acción de cada guerra
dejó fama de invicto acrisolada.
Yace el que abrió las puertas de Granada,
el que ensanchó la patria y su frontera,
el que sirvió la causa verdadera,
el que por Isabel ciñó la espada.
Yace el que en Garellano y Ceriñola,
siempre brillante en la sangrienta liza,
forjó la audacia de la fe española.
Este sepulcro oculta su ceniza.
Pero en el claro espejo de la historia
luce implacable su inmortal memoria.
                            José María Gómez Gómez

lunes, 23 de noviembre de 2015

EL ÚLTIMO VIAJE DE FERNANDO EL CATÓLICO

Ante el V Centenario de su muerte (23 de enero de 2016)
El último viaje de Fernando el Católico
      
Cazalegas, pueblo de la provincia de Toledo muy próximo a Talavera de la Reina, ha iniciado la conmemoración histórica como hito que fue del último viaje de Fernando el Católico. El rey de la unificación de España y el expansionismo de la cultura hispánica en el Nuevo Mundo y en Europa iba a morir en ese viaje, que ya inició con la salud muy quebrantada. Huía del rigor del invierno castellano. Buscaba nuevos aires, nuevos paisajes, el recreo de su espíritu en los cálidos inviernos extremeños. Quería besar por última vez el manto de la Virgen Morena de Guadalupe. Quería llegar a Granada, tal vez para morir allí y allí ser enterrado junto a su inolvidable Isabel.
De todo esto habló José María Gómez, Gran Maestre del Capítulo y Presidente de la Academia de la Hispanidad, en la conferencia que fue invitado a pronunciar en Cazalegas el día 13 de noviembre.

El rey partió de Aranda de Duero, pasó por Madrid y Casarrubios… y el 11 de noviembre llegaba a Cazalegas. Aquí firmó ciertos documentos, entre otros una Carta a su nieto don Fernando, hermano menor de Carlos V, hijos ambos de Juana la Loca. El día 12 estaba el rey en Talavera. Luego se entretuvo varios días en Oropesa, desde donde pasó a Plasencia. Desde allí, con paradas en otras pequeñas aldeas, se trasladó a Trujillo, donde el ayuntamiento le tributó una espectacular recepción, con una corrida de toros y otros festejos. Desde Trujillo se dirigía a Guadalupe, pero a mitad de camino se agravó su salud y tuvo que acogerse a una casa, propiedad del Monasterio, en el pueblo de Madrigalejo. Allí, en la madrugada del día 23 de enero de 1516, moría Fernando el Católico. Durante el viaje fue perfilando su testamento y, en el lecho de muerte en Madrigalejo, acordó con los de su Consejo nombrar Regente de España al cardenal Cisneros, en tanto su nieto Carlos alcanzaba la mayoría de edad para titularse Rey. Carlos se encontraba en la ciudad de Gante, en los Países Bajos, educándose como heredero de aquellos estados y de todo el Imperio austro-germánico.



Cazalegas ha tenido la visión histórica de la conmemoración del V Centenario de aquel último viaje que terminó con la muerte del rey que inicia la grandeza española de los Siglos de Oro junto a su esposa Isabel la Católica: edición de un folleto conmemorativo, conferencia, exposición, mercadillo medieval, Misa en Rito Mozárabe, escenificación de un Auto de Fe de la Santa Inquisición, inauguración de placa conmemorativa… Todo el pueblo respondió ataviándose con vestidos y atuendos medievales… y para dar más esplendor allí estuvieron Caballeros y Damas del Capítulo de Isabel la Católica, del Santo Sepulcro de Jerusalén, de la Orden de Caballeros de Malta.
A continuación incluimos los versos con que José María Gómez puso brillante colofón a sus palabras.






FERNANDO EL CATÓLICO EN CAZALEGAS

Año mil quinientos quince
fue la señalada fecha,
día once de noviembre,
pernoctaba en Cazalegas
el Rey Fernando el Católico
durante el viaje que hiciera,
el último de su vida,
por las tierras extremeñas
camino de Guadalupe,
donde la Virgen Morena
en su grave enfermedad
le ayudara y protegiera.
En Cazalegas firmó
con gran recato y urgencia
una Carta a don Fernando,
nieto de su preferencia.
Desde aquí siguió el viaje
por Talavera, Oropesa,
Plasencia, Trujillo y otras 
más humildes aldehuelas.
Quería orar en Guadalupe
ante su Virgen Morena,
pues presentía la muerte
de día en día más cerca.
Mas no llegó a Guadalupe
la gran comitiva regia
ni el rey que la presidía.
En una cercana aldea,
llamada Madrigalejo,
se agravaba su dolencia
y moría el Rey Fernando.
Los que le asistieron cuentan
que sus últimas palabras
fueron: “¡Oh Virgen Morena
que desde tu Monasterio
en todo mi reino reinas…
oh esposa mía Isabel,
mujer fiel y santa reina,
que desde el Cielo que gozas
a nuestra España gobiernas…
tomad mi alma pecadora
y conducidla en presencia
de Dios Todopoderoso
para que Él me conceda
por vuestra intercesión santa
la felicidad eterna.”
Así murió el Rey Fernando,
durante el viaje que hiciera,
el último de su vida,
pasando por Cazalegas.
Y así este pueblo querido
con gran honor lo recuerda
quinientos años después
para memoria perpetua.

            José María Gómez Gómez
              11 de noviembre de 2015